hoy te escribo para contarte una pequeña fábula.
Había una vez un bosque bellísimo, con muchos árboles y flores de todos colores que alegraban la vista. Todas las tardes, los animalitos del bosque se reunían para jugar, para leer, para compartir ideas, para realizar proyectos a futuro, después de haber trabajado para el engrandecimiento del bosque.



No sólo dijeron sino que hicieron todo lo posible para que el bosque volviera a tener la grandeza que había tenido. Y volvieron las flores, los pájaros, los conejitos, las mariposas, en definitiva, toda la fauna y la flora recuperó su espacio y sus derechos.
No obstante, aquél brujo malo seguía hablando del precio de los huevos. Incluso había dejado su semillita de maldad. Y aquella terrible frase "que vayan a lavar los platos" seguía latiendo.
Cierta vez los habitantes del bosque festejaban que los empeñados conejos habían logrado -entre otras muchas cosas importantísimas- fabricar un satélite que sería puesto en órbita. Imaginate Usbek: de allí en adelante podrían ver televisión digital abierta y enterarse del pronóstico del tiempo para programar sus actividades. También podrían comunicarse con otros bosques lejanos a través de sus teléfonos.Tal como te dije, seguía presente la mano invisible de aquél mago, e hizo "desaparecer" este importante logro de las noticias de ese día.
Fue entonces que una conejita, inteligente y hermosa, dijo: "Nuestro bosque se suma al grupo de 8 bosques que producen satélites. ¡qué pena que haya tantos que, cuando le señalan el cielo, se quedan mirando el dedo!"
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