domingo, 19 de febrero de 2017

redundanciando las vacas, se engrandecen las estancias

Usbek,
un compositor y cantante de temas de folklore argentino,  José Larralde, escribió hace ya muchos años su "Herencia pa´un hijo gaucho". 
En esa poesía, a manera de consejos, expresa para su descendencia la visión del mundo que un gaucho -un criollo- destina a su hijo. En esos consejos la honestidad, la rectitud en el obrar, la ética, la solidaridad, y otros valores positivos, los traslada a su hijo a modo de herencia moral, con ejemplos y vivencias del padre "pobre, pero honrado".
Así dice Larralde:
Y a más le quiero aclarar 
pa´su sentir y criterio 
que aunque me larguen los perros 
y me muerdan los garrones, 
seguiré con mis razones 
hasta el mismo cementerio. 

En estos días, un hijo hizo referencia a la herencia y a su padre. 
Ciertamente no se trata del hijo al que refiere la canción de José Larralde, es otro. El padre tampoco es un criollo. La herencia es material. 
Y el hijo no tiene una relación como el de la canción con su padre gaucho, más bien todo lo contrario. Este hijo, por ejemplo, cuenta con una fortuna mas que considerable, y dice que sus bienes -algunos que ya ha heredado- los administra un "fideicomiso ciego", porque administra un "negocio" de los dos lados del mostrador: es el presidente de un país al cual, las empresas de su patrimonio le deben dinero/le hacen juicio. 
Pero él dice que no conoce a las personas que administran su fideicomiso. Unos dioses a la hora de sacar provecho y ganancias.
Larralde canta.
Por eso m´hijo la herencia 
que yo le pueda dejar 
si es que le llega a quedar 
de mis deudas un haber, 
si no las quiere perder, 
Dios se la ha de administrar

Este hijo, que es diametralmente opuesto al que refiere la canción de Larralde, ha recibido una frondosa herencia material. A pesar de haber concurrido a colegios encumbrados y universidades carísimas, resulta que comete errores (caramba, no quisiera pasar por un puente construido por este ingeniero). 
Una sucesión de errores. Una lluvia de errores (que reemplaza a la de inversiones).
Una llamativa producción de errores. Como quien avanza dos pasos y retrocede uno, pero, por más error que haya cometido, matemáticamente: dos menos uno da uno. Uno de avance.
Eso sí, pide disculpas y sigue. Dos menos uno da uno, y avanza uno. 
Pero vuelve a cometer un error que, seguidamente, será blanqueado con el consiguiente pedido de disculpas. Dos menos uno da uno, nuevamente.Y así.
Mientras que los (supuestos) errores se suceden, el patrimonio de este hijo sigue creciendo en medio de obras públicas concedidas a su alter ego primo, o condonaciones o.
Y, paradójicamente, crece gracias a los supuestos errores. Parafraseando a Larralde, podríamos decir que: redundanciando los errores se engrandece el patrimonio de la familia presidencial. 
Y, como  dijera José Larralde 
A lo mejor ya lo he dicho 
y caigo en la redundancia, 
pero con mucha constancia 
y repitiendo se saca; 
redundanciando las vacas 
se engrandecen las estancias. 
Por eso a veces repito 
las cosas que ayer ya dije. 
Un conductor de programas de análisis político tiene una frase que se ha popularizado: que no te tomen por boludo. Bueno, vos ve.
Larralde lo dice así
Nadie me puede juzgar 
si no tiene un buen derecho 
que valga por lo que ha hecho 
y esté bien reconocido. 
No acepto que un comedido 
me dé aserrín por afrecho.

si hasta los chinos cometieron errores con ellos


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